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LA SOYA

Actualizado: 16 de dic de 2017

¡La primera vez que hice el amor no me vine! Para ese entonces no importaba: llegar al climax era siempre una actuación. Fue con el hombre que más he querido... y el que menos me quiso, o nunca me quiso. Me he dicho tantas mentiras respecto a él y a nosotros, que ya no sé qué es verdad. (Compartía el mismo nombre de mi padre). Cuando lo vi por primera vez, a él, 'el buena onda', quedé congelada al ver sus ojos, realmente hermosos: color galaxia, parecidos a los de un gato. Ojalá hubiera sido mi gusto por los felinos lo que me hipnotizó de aquel susodicho. No fue eso. También quedé congelada cuando vi su little dick. Nunca rechisté: mi prueba de amor era aceptarlo. Yo quería ser la mujer especial, la que te quiere tal y como eres sin importar las consecuencias.


Hay personas que son como la salsa de soya: invaden demasiado tu propio sabor, absorben parte de tu esencia y terminas, tarde o temprano, colonizada por sus creencias.

Mientras estuve sumergida en él... Yo me sentía feliz. Una mentira, sí, aunque perfecto para ese momento. 'El buena onda' entendía la dinámica de una buena domesticación: me daba suficiente atención (mientras me portara bien), me tenía un horario: en las mañanas siempre era el primero en decir: “buenos días princesa” y en las noches: “¿cómo te fue, amor?” y me castigaba con indiferencia si no le contestaba a tiempo por whatsapp -a veces, no le respondía para que me castigara y lo disfrutaba de alguna manera- ¿Normal, no? al menos para mí. Tuve una crianza de premios y castigos. Yo le hice caso hasta que pude. Un día, le pedí tiempo y él lo aceptó. Pasó una semana. Le dije que volviéramos y me dijo que ya estaba con otra mascota, digo, persona. Se me rompió el corazón. Lloré y lloré.


Otro día, después de mucho tiempo, me desperté y ya no tenía dolor. Pero 'el buena onda' siempre aparece: una vez cada tanto para ver cómo estoy. ¡Es tan querido! Se preocupa por mí. Mucho nivel. Qué suerte es, a veces, 'perder' lo que más queremos. El dolor y mi almohada llena de lágrimas me hicieron muchas preguntas sobre el amor, pero el verdadero. Luego leí que algunas personas buscan llenar vacíos con sus parejas. Tal vez mi inconsciente pensó que él era mi papá y por eso permití tantas cosas. Creo yo: de nadie es la culpa. Todos hacemos lo mejor que podemos con lo que tenemos. Él tiene un little dick guerrero y humilde -el tamaño no influye; el que se sabe mover gana- Yo tenía un vacío y una idea diferente del amor. Ahora, si aprendemos algo, lo ideal es ponerlo en práctica para el próximo. ¡Poquita salsa de soya, por favor!

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