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DIENTE DE LEÓN

Buenas días. Perdone la sencillez de mi saludo pero no sé cómo referirme a usted, si lo llamo por su nombre podría pensar que somos amigos, pero nunca nos conocimos; si lo llamo con ternura podría pensar que nos queremos, pero no hay abrazos que lo atestigüen.


Mi versión de los hechos: la última noche que estuvimos juntos, usted no se dió cuenta que antes del lanzamiento yo me aferré sin éxito a las paredes colgantes de su interior, no estaba preparada para dejarlo ni para competir por mi vida. Me disparó tan fuerte hacia la otra galaxia que no tuve tiempo para despedirme. La única opción fue avanzar: sin espejo retrovisor, sin sello de salida, y sin garantía de un futuro mejor.


Corrí con todas mis fuerzas hacia adelante, sudé por primera vez, esquivé obstáculos, vi morir a muchos hermanos en el camino, tuve miedo pero seguí avanzando. Empezó la recta final y con ella las curvas más peligrosas, a lo lejos se vislumbraba un gran planeta rojo: hermoso, majestuoso y esponjoso. Afuera de éste un letrero que decía: óvulo disponible, oferta limitada. Aceleré el paso a máxima potencia, todo o nada, antes de colonizar miré a mi derecha y vi que uno de mis hermanos también estaba a punto de ganar. -Los momentos importantes pasan en cámara lenta-, aproveché mi peso liviano y me clavé de cabeza contra lo desconocido. ¡Gané! Mi primer triunfo. Uff, qué alivio. El letrero ahora decía: óvulo ocupado, vuelva en nueve meses.

Las condiciones del nuevo espacio permitieron que mi cuerpo cambiara, me sentía más fuerte, llegué a pensar que nadie podría expulsarme otra vez... no fue así. -Cuando uno aprende algo, el próximo reto siempre será más grande-. También entendí que usted no podía darme lo que yo necesitaba, sus pelotas eran muy frágiles y pequeñas para mi evolución. En todo caso, gracias por el empujón. Me acostumbré tanto a los golpes de su ausencia que las caricias me hacían daño. Prefiero creer que sus huesos naufragaron en charcos de formol. Perdone que lo mate con mis letras, es por miedo a reencontrarnos.


En los cambios que son a la fuerza, hay fluir y seguir avanzando; en los improvisados, hay que confiar; en los que toman tiempo, hay que tener paciencia; y en los cambios que son como son y no como deberían de ser, hay que aceptar.


Me gusta creer que cuando una carta no se entrega a quien le corresponde, hay que leerla en voz alta, así, las palabras viajan por el viento hasta que aterrizan en un bello diente de león, el mensaje espera ahí paciente por alguien que lo sople y, cuando eso pasa... el mensaje pilotea las inefables hojas rumbo a su destinatario. -pausa- Soplo fuerte.

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