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CIRUELA

Actualizado: 27 de dic de 2017

Abrí como pude mis deshidratados ojos y sentí que la tristeza me había hecho un golpe de estado. Entre bolsas vacías de chocolates consumidos, platos sucios de tres días sin lavar y algunos analgésicos sin tomar, pensé en él. La causa de mi depresión: un hombre guapo, muy inteligente y con un corazón noble empolvado de intransigencia. Era bueno en la cama, al mover su pelvis yo gritaba de placer en mi tono más agudo. Él sabía robar acentos, ilusiones y uno que otro corazón. La última mañana que lo vi desayunamos arepa y huevo, fue un lunes, el sol no se apareció en todo el día. Recuerdo que me abrazó y me dijo: “te quiero mucho, princesa”. Yo me sentí feliz, segura y completa. Al otro día desapareció: sin explicación, sin respeto, sin amor y con mentiras disfrazadas de excusas. El silencio es lo más ruidoso que he escuchado hasta ahora.


La tristeza entonces, susurró a mi oído y visualicé por unos segundos mi muerte: poder escapar de este cuerpo caprichoso y dejar de preguntarme por qué hay gente que se muere de hambre, cómo hacer bien el arroz integral, en dónde estará la felicidad, o, cómo putas funciona un fax. Los analgésicos se aprovecharon de mi estado y me hicieron un guiño coqueto. Yo sentía que merecía poco, por eso caí rendida ante su débil intento de conquista y me los tomé.


A los dos días, desperté. Sentí alivio de estar viva. A mi lado izquierdo y apretando mi mano estaba la Perspectiva, la muy muy andaba de vacaciones mientras yo me limitaba a repetir la misma historia. -Ella siempre me visita cuando salgo de mi zona de confort-. A mi lado derecho estaba la Compasión, recordándome que todos estamos en un proceso y cuando no experimentamos amor, es porque tenemos miedo. En ese momento perdoné al hombre mudo.


Mientras escucho a mi rommie cantar a grito herido canciones al desamor; yo reflexiono sobre el tema de la media naranja, eso de creer que estamos incompletos y que hay alguien en el mundo que nos va a completar, me hace sentir... inferior. ¡Claro! ¡por eso siempre conocí hombres a medias!

Se acabo, desde ahora me proclamo ciruela: soy completa y deliciosa.

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