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CAFÉ CON LECHE

Actualizado: 15 de abr de 2018

El sol y una paloma chismosa que reposaba en la ventana, me acompañaban, en silencio, a observar el bailarín que dormía desnudo en la cama doble de mi habitación: pelo entorchado, piel oscura, brazos firmes y ojos color canela, vestían al hombre de casi treinta años.

Sobre el piso, vino regado de la noche anterior; en el mesón del lavaplatos, un cenicero cargado de colillas a medio fumar y un brasier negro talla treinta y dos. Se despertó. "Me puedo bañar", preguntó mientras yo conectaba la cafetera. "Claro, el agua caliente sale con la llave de la izquierda", respondí. Tener un amante es muy emocionante: nos encontrábamos una vez por semana, aunque vivíamos cerca, ésa era la regla; amaba el contraste de nuestros colores de piel tan diferentes y perfectos al hacer el amor; cuando él me abrazaba parecía que todo iba a estar bien, su presencia lograba humedecer las puertas de mi guarida y dar el paso, sin dolor alguno, a su extra grande compañero de reproducción. Cuatro burbujas sonaron en la cafetera y yo sentí a cien hormigas pequeñas pasar a toda velocidad por mis labios inferiores; no resistí, me quité la ropa y fui corriendo hacia el baño. Entré. Él estaba cubierto de jabón, yo de poca voluntad. Esperé a que él me diera la señal para avanzar, así la historia sería de los dos. Me dio luz verde con su mentón afilado. Nos besamos con ansiedad por dos minutos, después me acorraló contra la pared de la ducha y besó mis senos con intensidad, finalmente, resbaló su generoso instrumento hacia adentro y hacia afuera en un acertado contratiempo. Su talento era el dance. Todo fluyó y diluyó por el sifón del húmedo lugar. Fue nuestra segunda cita.

La culpa pesaba más en el aire que el aroma del café recién hecho. Nos seguimos viendo en secreto por dos meses. Fue increíble. Terminé con mi novio para estar con el bailarín, pero sus caderas ya no disparaban fuegos artificiales en mi blanca pelvis; era el peligro a que no nos descubrieran lo que alimentaba nuestra pasión. ¡Ay mi negro! Te extraño.

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